Tuesday, December 14, 2010

Tonto el último

obey

Estaba cantado que se iba a prorrogar el estado de alarma. Es el último coletazo del pulso (estas navidades os la vamos a clavar) que gobierno y controladores llevan jugado hasta ahora. 

El viernes 3 de diciembre, en vísperas de un puente importante al Gobierno no se le ocurre otra cosa que retirar la ayuda de los 426€ (de la que se habla lo justo) y modificar un par de frases sobre lo que se considera hora trabajada para un controlador. 

Por supuesto, al “a ver si tenéis pelotas” del gobierno le sigue un “por mis huevos” de los controladores.

Se para el tráfico aéreo en España, elpais.com quita el destacado de Wikileaks y alguien en el ministerio sonríe; “la habéis cagado”.

De verdad creo que la situación de los controladores debe ser jodida, se han arriesgado a mucho para que sea sin motivo.

No son formas y alguna consecuencia tiene que haber, claro. Pero esta gente no ha saltado porque sí. El gobierno dio el pistoletazo de salida a sabiendas de que algo de esto podía pasar, ya lo dijo Rubalcaba.

Esta “previsión” hace que Zapatero no coja un vuelo a una cumbre de esas que tienen los presidentes y hace que Rajoy se monte en un vuelo destino a chupar cámara diciendo… bueno, lo de siempre.

Ahora, y para que por primera vez en (¿en cuántas?) navidades no se repita la broma se quiere prorrogar el estado de alarma.

Mientras esto dure los controladores no serán civiles sino militares. Sí, sí, es temporal pero “mientras” ir a trabajar es una orden, desde luego no es un privilegio.

Y es que alguien nos tiene que defender a los ciudadanos de esas malas bestias privilegiadas que ganan mucho, trabajan poco y nos joden las vacaciones. 

No sé, prefiero arriesgarme a no viajar en navidades a que sigan siendo militares. No creo que el estado de alarma sirva para negociar. 

Igual me equivoco ya que mientras habla el gobierno y habla AENA y habla Cesar Cabo no hay mucha charla de controladores. El caso es que está por ahí la privatización de AENA, lo de los 426€… suena a que perdemos los de siempre.

Por cierto, que José Blanco llame privilegiado a alguien por su trabajo no deja de tener mucha gracia.