Que me hace falta ver el mar!
El día de mi cumpleaños estuve en Barcelona y me traje este “poquito” de allí.
Abuela Paquita
Ha sido como un golpe de esos que te deja atontado y lento.
Había llegado a un punto en el que su salud era como dice mi madre “incompatible con la vida” pero ahí seguía.
En las últimas semanas había remontado un poco, tenía mejor cara, más hambre y aunque los números del análisis no acompañaban ahí seguía.
Mi abuela era una persona compleja, siempre hizo lo que quiso y siempre pudo hacerlo. Al morir mi abuelo decidió que no quería vivir con los hijos, quería seguir en su casa y así fue. Tocaba su piano, cocinaba y de vez en cuando comí con este o con aquel. Esta independencia ha hecho que viva más y mejor; no ha sido hasta hace poco que su cuerpo ya no la acompañaba tan bien y ha necesitado un andador, y hasta no andar. Pero su mente seguía funcionando bien.
Sólo puedo suponer la rabia de verse cada vez más impotente pero incluso eso lo llevaba con esa resignación tan de su época, tan suya.
Sí, alguna vez ya decía que estaba cansada, que eran demasiados años…
Siguió en su casa hasta el último día, en su cama, en su cocina, en su butaca, con su brasero… porque ya tan mayor y sin moverte coges frío.
Con el último desayuno se quedó dormida, como otras veces, pero ya no despertó más. No es una mala forma de morir, tranquila y en silencio, en su casa…
Ya necesitaba muchos más cuidados de los que le podíamos dar pero ella no hubiese entendido acabar en una residencia por muchas ventajas que tuviese y sus hijos (y los no tan hijos) intentaron mantener eso, ni siquiera en el hospital. A estas alturas poder vivir a tu modo es uno de los mayores lujos, de esos que no se pagan con dinero.
Por eso es que la noticia te entristece mientras piensas que ya firmarías eso para ti… Es un sentimiento complicado, amargo y “reconfortante” (no sé si es la palabra adecuada) a la vez. Quizás un poco alejado de lo que se supone que deberías sentir, pero también es tranquilo y no pincha tanto que el regusto final no sea tan… Bueno, eso.
El viaje a Granada no fue tan duro porque iba con mi primo Dani, tiene esa forma de mirar al mundo de frente no como si no importase pero sí como si no pasase nada.
Estaba aterrado de ese primer momento cuando llegas y está todo el mundo, iba pensando que menos mal que iba con Dani.
Cuando llegamos me intercepta mi padre y me dice que busque a mamá porque estaba por allí Carolina (mi primera novia). ¿Cómo?
Parece ser que el día anterior murió su padre y estaban por allí esperando a que les diesen sala. ¿Cómo? (luego volveré sobre esto)
En el tanatorio estaba la gente que tenía que estar, ni muchos ni pocos, sólo los que tenían que estar. Casi no hace falta hablar, somos familia y te miras a los ojos y ya.
Tardé un rato en entrar a la sala porque aún conservo el recuerdo de mi abuelo en el ataúd y no estaba seguro de querer este también. Pero no te puedes negar a lo que eres, yo lo quiero saber.
Que pequeña y que frágil… No somos nada.
(Si has llegado aquí aguanta que todavía queda)
La misa fue breve y rara, excepto mi abuela y cuatro amigos y familiares lejanos somos más ateos que ateos. Para ella era importante así que allí estamos todos. Algunos más al final, sí, como si no fuese mi sitio. No me siento muy cómodo en una iglesia. Nadie de la familia directa se levantó a comulgar y no dejo de preguntarme que pudo pensar el cura. No me importa, simplemente no me lo puedo quitar de la cabeza.
A la salida ya empezaba la gente a marcharse, despedidas, abrazos, “hacía tiempo que no nos veíamos”, sonrisas cortas, abrazos… Se hace raro necesitar el contacto cuando estás acostumbrado a no quererlo pero hay tantas cosas que no puedes o no sabes decir que tienes que transmitir de alguna manera. Y te tocas, te abrazas y simplemente pasa, así. Tan complicado y tan fácil.
Y entonces pasan por delante Carolina y Raquel, su hermana. Había estado buscándolas y ya pensaba que no las vería. Tenía yo 31 años la última vez que nos cruzamos, en 2004. Para mi nunca será Carol, siempre he llamado a mis novias por su nombre completo.
Podría haberla visto pasar con los ojos cerrados.
Las seguí a la oficina del tanatorio y ya dentro Raquel se giró y me vio. Después Carolina. Sonreí y se le saltaron las lágrimas.
Mientras solucionaban el papeleo fui a ver a su madre. Para mi fue una persona muy especial que siempre me recuerda con cariño y diciendo cosas preciosas como si yo fuese alguien especial. Mi madre se nos une y hablamos como si no hubiese pasado una vida.
Nos despedimos y fui a donde había quedado con mi familia para comer. Estábamos haciendo tiempo para recoger las cenizas y bueno, ya se sabe, “quien después de un funeral no toma un vino el suyo viene de camino”.
Bebimos cerveza, bromeamos, nos reímos, comimos muy bien y fue genial. Lo necesitábamos.
Las cenizas irán al mar, en esa Torrenueva que tanto les gustaba a mis abuelos. Y a nosotros.
Se me quedan muchas cosas por decir… que para sus hijos era “mami”, que le encantaba el sol y el mar, que en la casa de Víznar tenía su habitación y que la mitad de la casa la trabajó mi abuelo. Cocinaba muy bien pero dejó de hacer las pechugas empanadas el día que murió su hijo Floro. Cada cumpleaños me hacía la tarta más rica que he probado nunca, de galletas y café, con muy poquito café.
En fin, no es un mal final pero es un final.
Dejo Infoempleo.
Hoy ya se ha aireado lo suficiente y necesito contarlo mejor.
¿Por qué?
Pues porque creo que se puede trabajar de otra forma, que se pueden hacer más cosas. Llevo 14 años trabajando en web, no pretendo ir de sobrado y desde luego sé y entiendo que en todos sitios cuecen habas. Infoempleo no es ni el mejor ni el peor sitio donde estaré. Pero me siento un poco estancado, estoy acostumbrado a otra rutina, a otra metodología. No voy a entrar en detalles porque además está feo. Ya llevo dos años aquí y no quiero que el culo se me acomode más a la silla.
Yo antes he leído algo de eso de que te ibas, no?
Sí, hace como un año, después de un tiempo de tensión con mi ex-jefe decidí que ya estaba bien. Lo dije con la firme intención de buscarme otra cosa, y para que quedase dicho. Pero bueno, al poco despidieron a mi ex-jefe y sólo quedábamos 2 diseñadores (web), me pareció que no era el momento ni las formas ya que dejaría colgados unos proyectos y… hasta hoy.
¿Y qué ha cambiado ahora? ¿Por qué ahora sí?
Ahora sigue siendo tan mal momento como entonces. Realmente no ha cambiado nada excepto que estoy un poco más cansado que antes.
Se me junta el que no quiero seguir en la misma dinámica, el cansancio y sí, por qué no, los 38 años (ya, ya, tengo 37, pero voy haciéndome a la idea).
En este tiempo he hecho varias entrevistas y con bastante éxito en general. En todas las que me han aceptado he dicho que no y en la mayoría de las que me rechazaron habría (creo) dicho que no. Vale sí, hay una que me rechazaron que habría aceptado casi seguro. Sí, en Ideup!
Mientras tanto ha pasado el tiempo y veo que estoy perdido, que no sé a donde voy, que no encuentro “mi lugar”. Y pienso que no está aquí en Madrid. Llevo ya 11 años y me levanto preguntándome cuántos más. Cumplí los 37 en Barcelona y me gustaría vivir un tiempo allí. Me encantan sus calles, la luz tan increíble que tienen, el mar… ay, el mar.
¿Qué miedo no?
Yo soy un cagado de serie, cobarde, miedoso… Todo me lo tengo que pensar y repensar antes de arriesgarme. Todo es un problema y siempre puede ir de la peor manera posible. De verdad me sorprende que pensando de esta manera consiga salir de casa pero igualmente lo hago :)
Sólo he hecho cambios bruscos cuando he estado encabronado, seguro que conocéis la sensación, una mala hostia del quince y piensas un poco con ese cerebro de lagarto que dicen. Ahora me alegro de no irme por un pronto, aunque me vaya.
Llevo tiempo queriendo dar un cambio a mi vida y nunca encuentro el momento ni la ocasión. Ahora parece que se abre una ventana (que sí, que he abierto yo) y es tan mal momento como cualquier otro. Y cuándo voy a dejar de tener miedo?
Eso digo yo cuándo… ahora, podría ser ahora. Justo ahora.
Todos los días veo a gente que hace cambios por todas partes y los hace con una naturalidad que no puedo sino envidiar. Cómo es posible! Ya está bien!
¿Y qué planes tengo?
Tengo pocos, son más “quieros”.
En el trabajo no debería tener problema, soy bueno en lo mío. Puedo hacerlo.
En lo personal hay una niña a la que quiero conquistar, quiero que me vea de otra forma. Ves, un quiero.
Pero hay más. Quiero sentarme a la orilla del mar, quiero mirar al cielo con esa luz tan especial que tiene Barcelona. Quiero sentir que aunque no sepa a donde voy no me muevo por inercia. Que coño, quiero aprender catalán!
Bueno quiero muchas más cosas, pero vamos a ir paso a paso. El plan es…
- Volver a trabajar de freelance real, en casita con Deunan.
- Encontrar un piso genial para Deunan y para mi (jeje, Deunan me mira).
Ya. No me gustan los planes complicados.
¿Y esto cuándo?
Pues quien me conoce sabe que no me gustan según que formas. Dije que me quedaba en Infoempleo hasta que se terminase el proyecto actual y un poco más para echarles una mano en encontrar a alguien. Por fechas sale el 30 de junio. Un poco tarde para mi pero es lo que tiene la tranquilidad de espíritu, que cuesta (como la fama, por si lo lee alguno de mi quinta).
¿Y no hay marcha atrás?
Me río nada más escribirlo. Estoy acojonado. Muerto de miedo. Me levanto todos los días con el sueldo fijo, las condiciones, la seguridad y la situación actual como barreras literales. Que si es una locura, que si en el nombre de Cristo qué coño estoy haciendo… pero es que estoy haciendo algo, algo diferente. Desde que llegué a Madrid he trabajado horas infinitas. INFINITAS. Ya toca hacer algo que no sea de trabajo, no? Igual este cambio no sale bien, o sale fatal, o coño, sale genial… pero sólo hay una manera de saberlo y no es quedándome aquí.
Además, tan mal no me ha ido aquí para que allí vaya a ser un horror :)

